MEXICO CITY, MEXICO - DECEMBER 01:  Andres Manuel Lopez Obrador made rally at the Angel of Independence during the inauguration of President-elect Enrique Pe?a Nieto on December 1, 2012 in City of Mexico, Mexico. (Photo by Victor Gahbler/LatinContent/Getty Images)

El gran circo de AMLO

Claudia Ruiz Arriola
REFORMA | 4 Oct. 09

Antes, cuando estaba yo más verde que el Tri alternativo y era más idealista que Platón, creía que llegaría a ver el día en que México sería gobernado por una izquierda inteligente, responsable y digna de esa larga lucha por la justicia social que en otras latitudes democráticas ha caracterizado a los partidos y líderes zurdos.

En aquellos tiempos se me caía la baba cuando veía a líderes de la izquierda opositora que eran verdaderos baluartes de sus ideales: hombres y mujeres que ni con torturas, arrestos o exilios cambiaban de convicciones o rumbo. La crema y nata de aquella izquierda global era gente de una pieza, palabra inquebrantable, ideales firmes y compromisos innegociables. Y yo estaba segura que un Václav Havel, un José Luis Rodríguez Zapatero, un Lula da Silva -hombres para quienes la lucha social no anula la visión de futuro- eran modelos accesibles para que nuestra izquierda se animara a gobernar el país transitando la vía media de la social democracia (¡ilusa de mí!).

En su lugar, tengo una década presenciando cómo de la mano de AMLO, Noroña, Bejarano y Juanito la izquierda mexicana se ha convertido en el tercer hazmerreír ideológico de la patria (después del PRI “ético” y del PAN “evangélico”). Que estos payasos, saltimbanquis y perritos falderos sean los principales actores de la izquierda mexicana da pena ajena, pues todos representan a esa izquierda sin ética, sin capacidad de diálogo, ni más convicción que llegar al poder para su muy personal provecho.

La izquierda mexicana es -gracias a sus próceres actuales- violenta, demagógica, corrupta y marrullera (sudoku infantil: ¿cuál de cada uno de estos objetivos corresponde a los nombres arriba mencionados?). Una izquierda que un día dice “denme por muerto” y que al día siguiente se raja y va por todas las canicas por la buena o la mala; una izquierda que amenaza con no dejar gobernar ni a sus propios correligionarios si no se hace lo que ellos dicen; una izquierda que todavía se escuda bajo los mismos increíbles “paros” de la desacreditada vieja guardia soviética (“por motivos de salud” removieron a Khrushchev en 1964, lo mismo que a Gorbachev en 1991).

La izquierda mexicana de hoy da más lástima que esperanza, al grado que en vez de recordar aquellos nobles ideales igualitarios de la Internacional Socialista recuerda las irónicas coplas de la canción de Ricardo Arjona: “Siempre con la misma cantaleta: me voy para no volver, tengo listo el equipaje… ¿Pretendes que me coma ese chantaje? Tienes cero en actuación, 10 en manipulación y una beca en el siquiatra”.

Lo trágico no es que la izquierda atraiga y le dé asilo a tanto orate con delirio de grandeza (cada partido y país tiene los suyos), lo trágico es que en su afán por no ver mermado su hueso presupuestal el PRD haya ido permitiendo que esta mafia obsoleta y delirante se enquiste en sus estructuras institucionales y que sea ella la que soterradamente dicte lo que ha de hacerse, a quién ha de apoyarse y a quién removerse.

Tan abyecta sumisión a la voluntad de sus impresentables ha hecho del PRD un partido esquizofrénico y sin credibilidad, en detrimento de las figuras institucionales que militan en sus filas, como Marcelo Ebrard quien -por mucha crema diplomática que los intelectuales de izquierda le echen al taco- ha quedado en calidad de pelele de AMLO. Digo, no sé a mis dos lectores, pero lejos de inspirarme confianza, a mí las “dotes negociadoras” de Ebrard para desactivar el conflicto de Iztapalapa, entre Juanito y la Brugada, me dejan hecha un mar de dudas.

Pa’ empezar: ¿de a cómo se arreglaron? Porque eso de que Juanito cedió por buena gente o por enfermedad repentina no se lo traga nadie. Por eso, antes de ensalzar la diplomacia del jefe de Gobierno del DF, habría que investigar su oferta, porque -como todo en la política mexicana: con dinero baila el perro (y más si es callejero)- ahí tuvo que haber un intercambio de favores, dineros, privilegios o amenazas que los ciudadanos tenemos derecho a conocer puesto que salen de nuestro bolsillo y de nuestro mandato.

Y de ahí para el real con las preguntas: ¿votarían ustedes en el 2012 por Ebrard sabiendo que puede ser otro “Juanito”? ¿Que las huestes del “Peje” pueden sabotear el vuelo de su gobierno, con unas latitas de Jumex pegadas con mocos a una serie de luces navideñas, si no pone al incorruptible Bejaranito en Hacienda, al finísimo Noroña en la SEP y a la incondicional Brugada en Gobernación para ruina de la patria y beneplácito de su jefe? ¿Que, mediante algún subterfugio legaloide, pueden acordar en lo oscurito que aparezca el nombre de uno en la boleta para cederle el changarro al otro si gana la Presidencia?

Definitivamente, mientras los partidos de izquierda no se deslinden de los personajes autocráticos y silvestres que mangonea López Obrador, habrá formas de desperdiciar nuestro voto, menos lesivas para la patria, que sufragar por los peleles sin convicción ni palabra que constituyen el gran circo de AMLO que hoy es la izquierda mexicana

Esta entrada fue publicada el 5 octubre 2009 a las 12:16 AM. Se guardó como Política y etiquetado como , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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