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Teorías de la conspiración y educación mexicana

Este artículo es de Daniel Jimenez.  Además de evidenciar de nuevo la falta de información con la que se construyen los famosos emails de la conspiración sobre el nuevo virus de la influenza, habla acerca de las razones culturales, sociales y educativas de por qué somos capaces de creer esta sarta de babosadas.

Empieza aquí:

Ante una situación como la actual, uno de los primeros caídos es la verdad… o el sentido común. Abundan los correos electrónicos-yo he recibido ya algunos-donde se nos alerta y/o denuncia acerca de las consecuencias (políticas) de la alerta sanitaria nacional y mundial. Los elementos comunes a estos son:

  1. Esto no está ocurriendo en realidad, es una campaña orquestada por las farmacéuticas internacionales y los gobiernos capitalistas para hacerse de ganancias ilimitadas. En un correo se menciona específicamente una farmacéutica (Sanofi-Aventis), la cual está muy mal y con ello mejorarían sus finanzas.
  2. Es una maniobra distractora del gobierno mexicano para que no veamos la realidad.
  3. No hay muertos o sobrevivientes, no se conoce a ninguno de ellos ni a sus familiares, ergo no hay tal enfermedad.
  4. El virus debió aparecer en el campo antes que en la ciudad, dada la naturaleza animal del mismo.
  5. El virus no se puede mezclar así como así.

Aclaro que el área de salud no es mi especialidad. No pretendo erigirme como “experto” en el tema. Simplemente deseo señalar diversos fallos en lo antes señalado.

  1. Si cualquiera se toma la molestia de revisar los reportes financieros de algunas de las farmacéuticas más grandes podrá ver que las finanzas de dichas empresas han sido más bien variables, mostrando un repunte desde el 2008 (caso de Sanofi), mucho antes de lo señalado. Para nadie es un secreto que muchas empresas farmacéuticas muestran una voracidad sin escrúpulos (véase, a manera de ficción, la película “el jardinero fiel”), y no sería yo el primero en defenderlas, pero evidencias sólidas no hay.
  2. La realidad existe ya y es accesible para personas que sepan leer y escribir (y más aún para las que usen internet). Hay fuentes confiables donde se pueden ver muchos de estos problemas, como lo son el narcotráfico (véase por ejemplo “Los narco abogados” de Ricardo Ravelo), el problema sin resolver-y que es una verdadera vergüenza nacional-de las muertas de Juárez (véase “Huesos en el desierto” de Sergio González), la educación, los derechos humanos (el reciente informe de Human Rights Watch es esclarecedor al respecto), etc. De manera que no necesita el gobierno esconder más sus fallos: están ahí para quien quiera conocerlos y presione por ello. Lo que si distrae, y puede nublar el entendimiento, es el miedo generado por la desinformación y confusión, como bien se puede ver en el caso de Estados Unidos y el 11 de septiembre.
  3. El primero de los afectados-y supervivientes-, un niño de la Gloria, en Veracruz, ha sido bien documentado. Normalmente no se hace historia de los familiares: hasta donde yo recuerdo, inicialmente no se contaba la historia de los familiares de personas con sida, por ejemplo.
  4. Dada la naturaleza de la enfermedad-un virus nuevo-no se conoce el origen exacto. Es decir el lugar, fecha y hora donde empezó. Nadie lo sabe, tampoco, de muchos otros virus, dada su naturaleza microscópica y la gran capacidad que muestran estos para mutar en tiempos muy cortos.
  5. Siguiendo el punto anterior, esta respuesta deberían responderla con certeza los virólogos, biólogos moleculares y demás personas involucradas. Abundan los testimonios de “expertos” que señalan, por ejemplo, que eso no puede ser. Para ello, debemos dirigirnos al cuerpo acreditado de conocedores en la materia: academias de ciencias, de estudiosos de la salud, etcétera, no a conocedores circunstanciales. Siempre habrá quien tenga una opinión a favor o en contra, como bien lo saben aquellos que, como yo, suelen hojear las solapas de los libros y no encuentran más que alabanzas para el mismo, aunque a veces sean un fiasco.

Sin embargo, quiero poner énfasis en un punto que a mí me interesa: lo que una situación como esta genera, especialmente respuestas del tipo analizado. No solo tenemos un fallo de razonamiento importante al advertir que un complot mexicano involucre a instituciones mundiales como la OMS (o bien un complot internacional, según se vea) y por lo tanto involucre a cientos de organizaciones mas como la Organización Panamericana de la Salud, UNAM, IPN, CDC, SSA, etc. (haciendo risible, ahora si, la idea de un complot). También tenemos un error al generalizar con pocos datos (errores de este tipo son señalados con mas detalle en “how we know it ain´t so” de Thomas Gilovich). O por ejemplo, las evidencias no son sólidas, no pasan de ser anécdotas. Todo este tipo de creencias echan a andar lo que algunos llaman “la máquina de creer”-el cerebro-y si desde un inicio creemos algo, ni los mas denodados esfuerzos lograrán hacernos cambiar de opinión, al contrario, racionalizaremos  y justificaremos nuestra creencia (para mas al respecto véase “Why people believe weird things” de Michael Shermer).

Detrás de todo ello, por supuesto, hay un defecto en nuestra educación. Nuestras escuelas no nos enseñan a pensar críticamente. Nuestros maestros nos enseñan a memorizar, en el mejor de los casos, y vomitar en los exámenes lo mismo que nos aprendimos al pie de la letra, sin capacidad de análisis (y a su vez esto mismo, como en un círculo perverso, es enseñado por dichos alumnos). Esto es especialmente cierto en un país con pobrísima educación científica como el nuestro. Hasta el dia de hoy, no existe un programa generalizado de detección de talentos, no hay un aprecio por las ciencias (mas allá de la visión “en abstracto” de la ciencia como algo bueno, sin comprender la necesidad de un sustrato de apoyo). Así, no solo no tenemos ciudadanos informados de manera veraz y oportuna-empezando porque no leemos y mucho menos confrontamos puntos de vista diferentes-, sino que muchos de los que lo hacen, no logran discernir lo cierto de lo que no lo es, la ciencia real de las especulaciones. Tal y como lo dijo Carl Sagan en su  excelente libro (“el mundo y sus demonios”, ed. Planeta), en momentos como estos la ciencia-y especialmente el pensamiento científico- debería ser nuestra luz en la oscuridad. Mientras la educación siga siendo manejada desde las cúpulas sindicales, mientras prosigamos con semejante desdén por la ciencia como sociedad y cuando no usemos un poco de sentido común, los efectos de epidemias, enfermedades y demás males se verán agravados por nuestra ignorancia y miedo. No permitamos que ello suceda.

Esta entrada se publicó el 16 mayo 2009 en 2:19 PM y se archivó dentro de Sociedad. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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