Cuestión de matemáticas (fragmento)

Me subía a la azotea de mi casa casi a diario solamente para autoconfirmar mi soledad en esta tierra. A veces cuando subía, veía el cielo medio rojo, la merma de los rayos de sol dibujaban algunas líneas coloradas y amarelas entre las nubes y la luz que ya reflejaba de la iluminación citadina.

Otras ocasiones, cuando subía más temprano y entre semana, veía los cientos de automóviles pasar en frente de mi casa (porque vivía sobre una avenida), autos pasando por el malecón, por la calzada, hasta alcanzaba a ver autos pasando por el eje vial principal de mi ciudad. ¿A dónde iban todos con tanta prisa?

Los fines de semana eran diferentes, a cualquier hora, solitarios, aburridos, silenciosos; pero siempre, sin importar el humor del día o la noche, yo subía a meditar sobre mi profunda soledad. No es que fuera dolorosa mi meditación, sino era más bien como una aceptación de mi estado en este mundo… estaría sola y sin amor por el resto de mi vida, tenía tan sólo 16 años pero ya lo sabía y me conformaba con ello.

Aquella noche, cuando subí de nuevo a convencerme de que sólo yo veía una parte del mundo que nadie más podía ver – y que por lo tanto, con nadie podría compartir jamás – me sorprendió el cielo que vomitaba estrellas, las nubes se abrieron dos segundos para mostrar una Luna gigantesca – la más grande que hubiera visto en mi vida – me robó el aliento, desde ese instante, y por muchas horas más tarde.

El día siguiente, con mi corazón hinchado de satisfacción de haber visto la Luna más hermosa de todas las noches, segura que nadie más podía sentirse así… sólo yo por el espectáculo de la noche anterior, me acerqué de manera presuntuosa al grupo de mis amigas y pregunté, vanidosamente, conociendo la respuesta de antemano… “¿vieron la luna de anoche?”

“Si, era la Luna más hermosa que he visto en mi vida” dijo Mariana echando chispas con su sonrisa, ahogándome con sus ojos miel y no pude más que preguntarme, con el alma reboloteándome en la panza “¿Qué estaba haciendo ella viendo al cielo a la misma hora que yo contemplaba mi majestuosa Luna?”


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Esta entrada se publicó el 29 febrero 2008 en 8:26 PM y se archivó dentro de Taciturnos y Locos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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