Un viernes en el zoológico

Tuve que entrar al zoológico. Mi intención orginal era ver la exposición de fotografías “De la A a la Z” que está colgada en las rejas de Chapultepec, pero el cartel de ese escorpión emperador me sedujo, quise de inmediato entrar al insectario para conocerlo en persona.

Una vez en el zoológico, pensé en dar una vuelta antes por el parque al aire libre antes de entrar a las áreas techadas. Lo primero que vi fueron unos osos de antifaz, eran unas criaturitas apenas, brincando entre los fosos con agua y los troncos falsos, unos dulces los condenados. Luego vi a los pandas, no sé quiénes son más dulces, si los enmascarados o los panditas… bueno, en ambos casos, sería una locura pensar en llevar uno de esos ositos de felpa a dormir con uno.

Fue mejor empezar así porque me divertí más viendo mamíferos que lo que me hubiera divertido ver insectos.

Pues seguí por la senda de los changos, un circuito muy divertido lleno de caras familiares, en las cuales identifiqué alguno que otro familiar, amigo, dictador de moda y también de político mediocre del “yetset” mexicano. Me acordé también de mi amiga Jackie y no porque tenga cara de macaco, eso no, sino porque me contó la historia de un ex novio suyo.

El tipo era un argentino que desde que era niño le decían “Mono” por sus facciones AnaBananescas. Mi amiga le dijo “no te preocupes, amor… aquí en México se le dice “mono” a los que son lindos”; esa mi Jackie, bien sabe que decir para que uno se sienta bien. Su novio se quedó feliz de que ese mote que cargó sobre los hombros tanto tiempo, ahora significaba belleza… la Jackie hizo una pausa en su relato, seguramente recordó los altibajos y al final, sólo declives de esa tormentosa relación y terminó diciéndo “pinche argentino cara de chango”.

Total que llegando a la jaula del gorila, para mi suerte encontré buen lugar en la baranda, porque ese especimen es el más solicitado entre los visitantes. Esperé unos minutos, varios minutos, y la naturaleza llamó… no como a Mooglie, sino la de las aguas. Busqué un baño lo más pronto que pude para regresar a tiempo a ver a la estrella del show.

Estando en el baño escuché un aviso por los altavoces del parque; Dios mio! pensé, si este es otro aviso de conato de incendio, como aquella vez en el cine, esta vez no dejaré mi “primera fila” ¡No señor!

Por suerte sólo estaban localizando a alguna persona y no tuve ni que interrumpir mis funciones biológicas ni mi espera por el rey de los monos.

Regresé a esperar otro rato a que se dignara el señor chango a salir de su cueva, pero jamás lo hizo, la muy diva… Ni modo, ya habrá oportunidad de conocer al macaco.


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Esta entrada fue publicada el 3 junio 2007 a las 10:47 PM. Se guardó como Taciturnos y Locos y etiquetado como . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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