073 -001

Su número era el 73 y su calificación en aquellos célebres juegos olímpicos célebres para la gimnasia, fue 001 pues debido al sistema decimal que se usaba en los pizarrones electrónicos, fue la manera que pensaron para representar su perfección: “10”

Cuando yo era niña me deprimía ver dos deportes en la tele. Uno era el patinaje artístico (cuando los juegos Olímpicos de Invierno se transmitían) y la gimnacia (cuando los juegos Olímpicos de Verano se transmitían).

Me hubiera gustado ser o bien patinadora sobre hielo, o gimnasta, por eso me deprimía, porque no lo era. Estas depresiones comenzaron al rededor de los 9 años, durante los juegos Olímpicos de Verano de Seul. Para Albertville ’92 mi frustración ya era franca y no la ocultaba a nadie.

Recuerdo que le decía a mis padres, sin pensarlo realmente, sólo como un comentario de sobre mesa. “Los padres deberían preguntarles a sus hijos si quiren estudiar gimnasia desde pequeños, porque luego se ven frustrados por estar ya muy grandes para empezar con el deporte”

Mi hermano un día dijo “creo que la única que está frustada por no haber practicado gimnasia desde niña eres tú”. Me dió un golpe seco en la barriga y no supe que decir; quizás porque no había reparado en ello.


Todo ese tiempo y hasta la fecha, hubo un personaje que acompañó mi sueño frustrado – frustrado por todo, desde los padres que no me inscribieron en un curso de gimnasia, hasta la genética – Nadia Comaneci.

Por su puesto que a mi no me tocó ver su 10, de hecho esa presentación la vi hasta hace poco tiempo. Todo lo que sabía de ella era lo que escuchaba de mis padres y de casi toda la gente que le gustaba la gimnasia.

Creo que es debido a eso lo que convierte a las personas en leyenda, los rumores, las historias, las alabanzas

Sabía que era una niña menudita que parecía tener un león por dentro cuando hacía sus piruetas.

Sabía que en ninguna olimpiada antes se había calificado como “perfecta” una aparición y que por ello la pizarra marcó “1” para asemejar al “10” que habían asignado los jueces.
Sabía que era rumana, conocía Rumania en libros para concer su casa.

Sabía que tenía una pieza musical que tocaban en los elevadores y en los documentales sobre su vida.

Sabía que el número que portó en Montreal ’76 en sus espaldas fue el 73.

Fue la primera persona que admiré en secreto; luego del comentario de mi hermano me apenaba que la gente supiera que aún me obsesionaba la gimanasia y que me refugiaba mentalmente en la historia de la mejor gimnasta de este planeta.

Recuerdo una vez que vino a México para un espectáculo de gimnasia, su montaje de piso lo realizó con el tema “Calor” de Julio Iglesias, además de externar en las entrevistas del final que guardaba un aprecio sincero por México.

Sentí que después de tantos años de ser su fan silenciosa, en ese momento ella me daba las gracias personalmente de esta devoción, me daba un abrazo con esas palabras de amor hacia mi país y se volvía a subir a su podium para seguir siendo adorada por sus fans.

Con el tiempo, la vida me hizo ver que cada uno venimos al mundo para algo diferente en la vida.

Lo suyo fue la gimansia… aún busco lo que es lo mío.

Epílogo: Ya no me obsesiona la gimnasia.


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Esta entrada se publicó el 28 septiembre 2006 en 7:07 AM y se archivó dentro de Taciturnos y Locos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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