El drama de las izquierdas (desenlace) por Escalante

Encontré este artículo que me pareció sumamente interesante y más que apropiado para describir lo que está sucediendo con la izquierda mexicana, ahora en una total división que va desde la más enmoesída, hasta la más oportunista. También hace referencia a las palabras de Carlos Monsiváis donde dice tal cual, que Alternativa Socialdemócrata no existe… carajo: ahora resulta que la única opción política por la que me intereso en toda mi vida “no existe”. Léanlo y opinen.

El drama de las izquierdas (desenlace)
Por: Fernando Escalante Gonzalbo
Miercoles 26 de Julio de 2006

Leo en los titulares de prensa de estos días que Lázaro Cárdenas tiene que salir a defenderse de quienes le acusan de haber traicionado al PRD. Hace quince días fue el Subcomandante Marcos el que tuvo que justificarse: explicó a su manera —muy divertida— el fraude electoral y a continuación dijo que “la otra campaña” no había afectado en nada a López Obrador, que ellos sí pero no habían dicho lo que habían dicho y que son el pueblo pero no son casi nadie, que López es igual a los demás pero que ganó y le robaron la elección porque no es igual a los demás. Y que el EZLN no tiene nada que ver con el PRD ni le importan las elecciones. Algo así.

Se avecina, tomará semanas o meses, el desenlace del drama de la izquierda cuyos términos se definieron hace aproximadamente un año.

El auge de López Obrador y la reorganización, casi desmantelamiento del PRD, con el aditamento de las Redes Ciudadanas, para construir su candidatura no sólo agudizaron las diferencias de siempre con el EZLN, sino que hicieron inevitable el rompimiento con Cuauhtémoc Cárdenas. La política es así. Se hizo a un lado al cardenismo como si no significara nada y se abrió como nunca antes la puerta para incorporar priistas de la víspera y sumar apoyos de donde vinieran. En aquel entonces Marcos dijo que el PRD se había aliado con el narcotráfico, que había traicionado y engañado a la gente y que usaba a sus muertos para robar, despojar, corromper y reprimir con impunidad. Cardenistas notables —Adolfo Gilly, Marcos Rascón— y el propio Cuauhtémoc Cárdenas explicaron puntualmente sus diferencias con el programa, el estilo y el equipo de López Obrador. Empezaba el drama. Los obradoristas, por su parte, no hicieron ahorro de agresividad: en las páginas de La Jornada Cárdenas era directamente “el candidato de la derecha”, mientras López Obrador decía, una y otra vez, que respetaba mucho al ingeniero Cárdenas pero que no tenía intención de discutir con él, y menos en público. Aquellos polvos trajeron estos lodos.

El drama se refiere a la identidad de la izquierda mexicana. La disyuntiva, puesta en términos muy simples, como podía verse hace un año, era entre una izquierda intransigente, que valoraba sobre todo su integridad moral (y podía hacerlo, entre otras cosas, porque no ocupaba puestos de gobierno), y una izquierda oportunista y pragmática, que sobre todo se interesaba por ganar elecciones (y podía hacerlo, entre otras cosas, porque ocupaba puestos de gobierno). El ejemplo perfecto del primer tipo era el EZLN, el ejemplo perfecto del segundo tipo eran las Redes Ciudadanas de Manuel Camacho. Pasadas las elecciones el panorama es más complejo, aunque la división sea básicamente la misma. En el espacio público mexicano hay actualmente presencia de varias izquierdas, de orientación y perfiles muy distintos. Hago un repaso mínimo. Está la “izquierda insurreccional”, de organización guerrillera y lenguaje vagamente marxista: casi siempre de influencia sólo local, con militancia de campesinos y maestros rurales (EZLN, PROCUP, EPR, y hasta veinte o treinta otras organizaciones). Está la “izquierda cardenista”: tradicional, moralista y dinástica, en un raro equilibrio entre la ortodoxia de la Revolución Mexicana y la ortodoxia de los Partidos Comunistas, con dispersas —indudables— lealtades campesinas y una adhesión emotiva de universitarios e intelectuales y cuadros del PRD (es sobre todo la izquierda de la “autoridad moral”).

Hay también, por primera vez con representación en la Cámara, una “izquierda arcoiris” que representa las nuevas causas: ecología, indigenismo, vida doméstica, derechos civiles, derechos de las mujeres, de minorías sexuales; es urbana, universitaria y clasemediera, pero con presencia también en las clases populares, sobre todo entre mujeres (alrededor de un millón de votos). La mayoritaria es sin duda la “izquierda obradorista”, que es una izquierda clásica de caudillo, de retórica beligerante y programa ambiguo: su fuerza depende de la imagen del líder, de su fascinante capacidad de comunicación; es una izquierda de aluvión, pragmática, que lleva consigo toda clase de aliados, más o menos oportunistas o convencidos, y representa enojos, esperanzas e intereses muy distintos (alrededor de trece millones de votos).

Finalmente hay una variada colección de grupos de difícil clasificación —Frente Popular Francisco Villa, organizaciones de Atenco, Panteras, Nueva Tenochtitlan— que forman lo que, por ponerle un nombre, se podría llamar la “izquierda paleopriista”; son organizaciones populares, de definición corporativa, gremial o territorial, que sobre todo se dedican a la agitación: calcadas del PRI más arcaico en sus métodos y sus recursos de cohesión, es decir, priístas no por afiliación partidista sino por su forma de organización y su relación con autoridades administrativas.Entre todas ellas hay afinidades obvias, hay diferencias no menos obvias. Acaso lo fundamental sea que para algunas el programa de la izquierda es básicamente legislativo, para otras es sobre todo de gobierno. Parecería lógica una coalición en el Congreso e incluso más allá: no es probable.

Está en juego no sólo la dirección sino la identidad de la izquierda. Sin ser todo el PRD, el obradorismo es por mucho la fuerza dominante, pero su carácter caudillista hace muy difícil su relación con la izquierda doctrinaria (cardenista o arcoiris) que se ha definido precisamente porque no formaría una coalición con Convergencia, ni formaría equipo con Manuel Camacho, José Guadarrama, Arturo Núñez, Dante Delgado, Socorro Díaz, Leonel Cota, por más votos que eso pudiera aportarles. Eso explica en buena medida la violencia del obradorismo contra Cárdenas y contra Alternativa Socialdemócrata: hace falta descalificar ambas opciones como posibilidades dentro de la izquierda.La impugnación y el llamado a la “resistencia civil”, aparte de intentar la anulación de la elección presidencial, sirven para conferir al obradorismo la autoridad moral que le faltaba: ante los cardenistas dentro del PRD y ante parte de la clientela natural de la izquierda. El haber sido víctima de un fraude masivo puede darle a López Obrador algo del prestigio perdido por su pragmatismo, por sus alianzas de campaña con gente más o menos respetable, pero que no era de izquierda.

El ariete contra Cárdenas ha sido nada menos que Porfirio Muñoz Ledo; lo cito en una entrevista de la semana pasada, en Proceso: “No quisiera opinar sobre el ingeniero Cárdenas”, dice; a continuación opina: “Su falta de solidaridad con lo que ha ocurrido…, pues la gente esperaría que estuviera de este lado, y no del lado de quien finalmente le dio chamba”. Sigue. “Yo no lo voy a juzgar”, dice; a continuación lo condena: “Yo lo único que digo, y es una frase de Napoleón Bonaparte, es que el último acto de la vida de un hombre aclara todos los demás”. Habrá que esperar al último acto de la vida de Muñoz Ledo para aclararnos sobre lo que significa su salida del PRD, su candidatura con el PARM, su entusiasmo por la victoria de Fox, su empleo como embajador, su incorporación al obradorismo y lo que siga después. En todo caso, el mensaje es inequívoco: Cárdenas se ha vendido, y desde hace mucho.

La elección del mensajero también es elocuente. No amerita otro interlocutor. Contra Alternativa Socialdemócrata han arremetido varios. Entre ellos, Carlos Monsiváis. Según su texto, aparecido en El Universal, el partido no es más que un membrete (es decir: sin justificación, sin militancia, sin objetivos políticos dignos de consideración) producto de la “insistencia protagónica” de Patricia Mercado. Tiene que ser así porque de otro modo habría que explicar por qué López Obrador no hizo ni siquiera el intento de incluir en su programa los temas, los intereses, las preocupaciones de esa otra izquierda posible (dado que el partido —por ley—no podía concurrir en coalición, de modo que su única opción era disolverse). Monsiváis es tajante: Alternativa Socialdemócrata no existe como izquierda porque, sencillamente, no existe. No es nada, fuera de la frívola obsesión de Patricia Mercado por aparecer en la televisión. Importa el mensaje, importa el mensajero. El desenlace es dudoso.

Hasta ahora el obradorismo ha cultivado sobre todo su vinculación con la “izquierda paleopriista” que es borrosamente de izquierda, pero muy eficaz para organizar la agitación callejera. No es equiparable a la “izquierda insurreccional”, pero tienen puntos de contacto, y es difícil que las guerrillas encuentren en muchos años una ocasión más propicia para hacerse presentes en la vida pública. Hay ya quienes —Fernández Noroña, por ejemplo— hablan del derecho a la insurrección. Manuel Camacho anuncia violencia en las calles. El líder se ha negado explícitamente a condenar las agresiones contra Felipe Calderón porque no son agresiones sino formas de “legítima defensa”: camina en el filo de la navaja.
Pitol y Monsiváis fueron muy claros en su declaración del Zócalo: “No queremos, no necesitamos, no le damos un sitio a la violencia.” Es muy claro y muy ambiguo también, sobre todo porque hay agresividad —y mucha— de ambos lados: se dejan margen para deslindarse si llega a hacer falta; lo malo es que para entonces podría no haber otra opción a la izquierda, podría ser que López Obrador terminara siendo dentro de poco el único líder posible de la única izquierda posible. Haga lo que haga.


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Esta entrada fue publicada el 2 agosto 2006 a las 10:13 PM. Se guardó como Política y etiquetado como . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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