La soledad de unos tacos al pastor

Y estaba ahí Maria Pia, mi hermana putativa brasileña, no sabía muy bien hablar el español pero sabía pedir la cantidad de tacos que comería en la cena. “De que teñe?” decía con su portuñón maltrecho, y le daban la lista de todas las carnes y combinaciones posibles.

Pedía quesadillas, pedía unos dos que tres tacos, pedía algunos al pastor, pero eso si, la salsa la fue agregando poco a poco mientras se acostumbraba al picante.

Camilinha, mi hermana postiza mas pequeña, esa morenita chaparrita, esa nalgoncita simpaticona que adopté desde que la vi como mi hermana que Dios se equivocó y envió a otra casa en otro país, ella se quedaba en casa las más de las veces, pero la Pia y yo le llevábamos tacos de cenar porque nosotras éramos más vagas.

Esas noches de tacos me recordaban a veces a las primeras noches en que mi mamá y yo cenábamos solapas luego de la muerte de mi papá, luego de que el Gabriel, mi hermano se fue de la casa. Siempre eran taquitos de pastor o de chorizo y un par de quesadillas. A veces eran “prestadas”, ya saben… “don Luis, no me fía los taquitos y se los pago cuando me pague doña Feli” Yo quería creer que mi madre suplía cosas con esos tacos… parecía tan sencillo llenar un hueco que deja un esposo de 35 años de matrimonio con 6 taquitos al pastor, tan fácil suplantar al hijo ausente con 2 de tripas, aunque yo siempre me quedaba con hambre, con un hueco en el estómago y con ganas de chillar.

Que por cierto, esas primeras noches con mi mamá viuda a solas, recordaba en cada mordida cuando éramos pequeños Gabriel y yo y papá nos llevaba a cenar los taquitos de Don Beto y su esposa Conchita, de los tacos de Pancho Villa. Era lindo cenar una vez a la semana juntos sentados sobre los bancos mas incómodos del mundo los tacos más deliciosos del universo.

Ahora que ya estoy grande, ceno seguido con Adriana los taquitos de Las Brasitas de la avenida Pradera, 2×1 todos los días en tacos al pastor. Ya tengo con quién acompañar los tacos, ni me acuerdo casi de cuando mamá se volvió a casar y me sentía yo tan echada a un lado por los hermanastros (como la Cenicienta, ay tú) que cenaba a solas 2 kekas de chorizo y 2 six de Sol. Pero eso de “Barriga llena, corazón contento” que dicen por ahí… ni madres, son dos órganos completamente diferentes.

Cuando anda de viaje mi pareja, pues me castigo sola con unos buenos taquitos de Toño, así en la soledad con un buen taco al pastor, qué de recuerdos se pasean por la mente.


Creative Commons License

Esta
obra está bajo una
licencia de Creative Commons.

Esta entrada fue publicada el 19 agosto 2005 a las 11:26 PM. Se guardó como Taciturnos y Locos y etiquetado como . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: