La chica se parecía tanto a mi

La otra noche fui a un bar con Gabriela, que para nuestra buena suerte era día de 2 x 1 en cerveza y concurso de Kareoke. Aunque no participamos, fue divertido ver a todos esos aficionados cantando pensando ser los mejores de la noche. Una chica que cantó “Con los años que me quedan” llamó nuestra atención. Era notoria su membresía del club, la tenía pegada en la frente; a Gaby y a mi nos gusta ver a la gente, inventarles historias, y cuando son de ambiente nos ponemos particularmente creativas.

La chica se parecía tanto a mi… y a Gabriela, y a Penélope, y a Josefina… a todas las chicas como yo, como ella; pelo corto, uñas impecables pero cortas, zapatos masculinos, pantalón de vestir, blusa sobria sin escote… Estaba sentada al lado de una rubia, que debía ser la mujer más hermosa que hubiera estado junto a ella, cantándole, bailando pícaramente, sonriéndose mútuamente como si no hubiera otra razón para sonreír en este mundo que ellas dos juntas, en un bar – kareoke.

Como siempre que veo una pareja gay coqueteando, me pareció entretenido en un principio los rollos de seducción y flirteo; Gabriela por su lado se tomó su tiempo de inventar que quizás eran una pareja muy abierta y que incluso la pareja que las acompañaba eran la hermana de la rubia y su novio, quienes aceptanban al cien dicha relación. En mi caso, como siempre, terminó por aburrirme el observarles luego de unos minutos.

La cosa se puso interesante cuando entró un hombre con un ligero sobre peso, calvo, en sus treinta tardíos y vestido en sus quince no vividos. Puso una silla entre “la chica” y la mujer rubia y comenzó a tratar a la última como si fuera su esposa… impactante para Gaby, a mi no me sorprendió en lo absoluto.

Esas cosas pasan, ¿no? conoces a la niña, te atrae, quizás tú sabes que onda contigo, quizás no, pero sólo sabes que te agrada estar con ella, observarla durante largo tiempo, oirla hablar de sus rollos, que si su padre es un mal padre, que si su madre es una puta, que si su hermano menor es como su hijo y sueña con llevárselo lejos de su ambiente familiar podrido… Y de repente llega un mequetrefe sin futuro, que le gusta el soccer y odia la escuela pero acude porque odia más el trabajo. Y te la quita, y le cuenta cosas malas de ti para alejarla. Esas cosas pasan.

La chica se parecía tanto a mi, fumando sin parar, viéndolos besarse, comiendo de ansiedad, bebiendo la vodka hasta ver el fondo, tragando grueso y acudiendo al baño cada 5 minutos.

La mujer rubia me recordó a Mariana, besando al mequetrefe pero mirando al infinito, casi sin platicar con él, atenta a cualquier movimiento de la chica, riéndo de cualquier broma que la chica hiciera, con la cara llena de dudas, y seguramente pensaría por la noche porqué se siente tan insatisfecha cuando llega el mequetrefe y se sienta en medio de las dos.


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Esta entrada se publicó el 21 julio 2005 en 2:25 AM y se archivó dentro de Taciturnos y Locos. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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